Autor: oscarcastedo

  • Destino Asia, Myanmar vol. III

    Bagan es una zona de 41 km2 rebosante de templos y pagodas, la mayoría construidos entre los siglos XI y XIII y otros más modernos pertenecientes a familias que los construyen para recordar a sus difuntos. Consta de tres núcleos principales, Nyaung U, Bagan Antiguo, Nuevo Bagan.

    Templos de Bagan

    Llegué a Nyaung U después de 7 horas en autobús desde Mandalay. Un viaje por carreteras sin asfaltar, caminos de tierra, atravesando lechos de ríos, lo extraño es que el autobús no se desvencijara. El polvo nos acompañó todo el trayecto, eso unido al calor y a las más de 70 personas hacinadas (como en los buses de la India) hizo que algún pasajero lo pasara realmente mal. En Nyaung U te esperan todos los representantes de los diferentes hostales y guesthouse que te llevarán al que tenga la mejor comisión. Un tanto agobiante por la cantidad de gente, pero sólo se necesita armarse de paciencia y encontrarás un lugar excelente y a muy buen precio.

    Para recorrer los senderos y caminos puedes alquilar una bicicleta (1€/día) un horse car o simplemente caminar. Conviene ir provisto de agua en abundancia y algo de comida ya que los caminos de tierra y el sol pegando fuerte te puedes deshidratar muy fácilmente. Uno de los días, exhausto por la caminata, me paré a comer en un restaurante enfrente del museo arqueológico, el Koung Mon Restaurant. Regentado por una ex profesora, la señora Daw Myat Mon, no solo me ofreció su hospitalidad, compañía y conversaciónn en el restaurante, sino que me invitó a cenar con su familia en su casa, le tuve que caer bien ☺

    Su casa, humilde pero acogedora con un pequeño porche antes de entrar a la sala de estar y comedor, donde pasan la mayor parte del tiempo viendo la televisión tumbados sobre las alfombras de bambú en el suelo de tierra. La cocina en uno de los laterales del salón, repleta de pequeños utensilios de cocina y platos, los vasos y recipientes diminutos de plástico tampoco faltaban. En la parte de atrás estaban los dormitorios. Rodeado de su familia, la abuela, los nietos, hermanas, la verdad es que me sentí como en casa, aunque un tanto violento ya que todos me observaban mientras cenábamos, y solo la señora Daw Myat y su hijo adolescente hablaban inglés. La cena, una Tiger, carne al curry, verduras y pescado rebozado. Me entregaron una carta para traerla a España, para una pareja de Asturias que los había visitado y que había colaborado económicamente con ellos. Sin embargo a mi no me pidieron nada de dinero, sólo conversamos querían conocer cómo es España, su cultura, comida, cómo es la universidad, etc.

    Templo de Nagayon en Bagan

    Durante un par de días estuve recorriendo los templos y pagodas. En la mayoría de ellos me encontré con vendedores de piezas de artesanía local, sobre todo pinturas, objetos lacados y figuras de madera. Éstos se resguardan del sol en los templos y una vez que te han visto van a por ti! Si te acompañan en la visita al templo y te van explicando orígenes, relieves e historia exigen una propina, así que hay que dejar muy claro desde el principio si deseas su servicio. Fue en uno de los templos, donde conocí a un chico birmano llamado Mu Mique que subió conmigo hasta la cima del templo por pasadizos bastante estrechos y escaleras empinadas, eso si, mereció la pena por la vista desde la cima del templo, casi toda la extensión del valle. Los caminos son como un laberinto por los que te orientas al ver los templos y siguiendo el plano. El último día después de caminar durante todo el día y casi exhausto me recogió un birmano en coche, sin que yo estuviera haciendo autostop, que me acercó al hotel, gracias a él me ahorré otra hora de camino.

    Estos son varios de los templos que visité, espectaculares, tanto vistos desde fuera como una vez dentro toda la decoración, artesanía, relieves. Como decía en la mayoría te encuentras con vendedores, que además tienen sus frases hechas perfectamente aprendidas; “bueno, bonito, barato. Chico guapo. Cómo estás…” templo Nagayon, templo Nanpaya, Mingalazedi, templo Thatbyinnyu, templo Ananda.

    Mi estancia en el Kaday Aung Hotel donde por 15USD tienes un bungalow con aire, baño y nevera, aunque el colchón está en el suelo. Excelente trato, puedes gestionar billetes de autobús o barco, cambiar efectivo y además tienen alquiler de bicicletas para recorrer la zona de templos. Disponía de una pequeña piscina donde relajarte leyendo el libro que me llevé para el viaje o simplemente escuchando, el silencio.

    La salida del bus hacia el lago Inle era a las 4 a.m. así que el madrugón fue considerable. Llegué a Nyaungshwe 10 horas después de un recorrido agotador. En el bus iba con dos alemanes, dos italianos, una chica polaca y varios locales. La carretera que atravesaba las montañas hacia Kalaw, en una subida de casi un único carril, con curvas imposibles y con varias paradas para refrigerar con agua los motores. Finalmente sólo un monje durante el viaje fue el “agraciado” al devolver por la ventanilla, vaya espectáculo…

    Lago Inle, son 22km de largo y 11km de ancho. Situado a 875m sobre el nivel del mar, a su alrededor hay unas 17 aldeas construidas sobre pilares en el lago habitadas por los intha. Es una zona reservada por lo que hay que pagar a la entrada del pueblo 5USD. El principal reclamo turístico son el lago y los pueblos que están alrededor. También las zonas de cultivo y arrozales pantanosos que bordean el lago. Hay varias kyaung budistas y stupas.

    Agricultores en el Lago Inle
    Agricultores en el Lago Inle

    Para recorrer la zona del lago y alrededores hay varias opciones, la más sencilla es alquilando una barca que te llevará navegando por el lago. Está bien si el lago tiene suficiente agua para adentrarse y llegar a las aldeas sobre pilares. No hay problema para alquilar una barca, hay cientos, una vez en el pueblo paseando por el margen del río te asaltan los propietarios de barcas y vendedores para ofrecerte recorridos. Otra opción, que fue la que elegí, es la bicicleta ya que tienes la libertad de moverte por donde quieras, recorriendo los campos de arroz y caminos, aunque exige cierta condición física.

    Hay que pararse en uno de los pueblos que hay en medio del lago. Siguiendo la carretera principal se llega a través de un largo embarcadero que sale desde el lado derecho de la carretera. Al final hay que coger una barca para llegar a las casas. El sistema de remo es muy curioso ya que lo hacen de pie en la barca y con una pierna mueven el remo sujetándolo con otra mano.

    Aquí, en la tienda Golden Net de vestidos tradicionales compré unas muñecas con vestidos tradicionales birmanos. Merece la pena entrar.

    El restaurante Miss Nyaungshwe puedes saborear pasta, platos chinos, crepes y platos bamar. Aunque, lo mejor es callejear por la ciudad y degustar platos bamar en algún restaurante con buena pinta.

    La estancia en el Teakwood house, agradable guesthouse, con habitaciones por 20USD con baño, aire y mosquitera. Aquí ojo, porque hay que pagar las habitaciones por adelantado. Las vistas de la puesta de sol son soberbias.

    Aldea sobre pilares en Lago Inle

    De esta forma se terminaba mi viaje por Myanmar, no llegué a embadurnarme la cara con thanakha (la cera local que se utiliza como protección solar/maquillaje), pero si encontré algo que no olvidaré en toda mi vida, algo que me ha hecho tremendamente feliz y que durará siempre. Descubrí además un país y un pueblo maravilloso, hospitalario, orgulloso, sencillo, auténtico, inocente. En los días de mi partida se liberó a Aung San Suu Kyi, y además fueron semanas de elecciones. Aunque nada cambió en aquellos días si fue el principio del fin del régimen. Esperemos que en los próximos años continúe su evolución hacia la democracia.

    Myanmar me recordó la razón por la que me apasionan los viajes. Quien nunca ha salido de su país está lleno de prejuicios (Carlo Goldoni)

  • Destino Asia, Myanmar vol. II

    Mandalay, es la segunda ciudad más grande del país.  El viaje, en autobús nocturno desde Yangon, dura toda la noche con paradas en varias áreas de servicio, que parecen auténticos mercadillos nocturnos llenos de luces, música y todo tipo de comida. La autopista es muy buena, incluso mejor que algunas de las que tenemos aquí, hasta la mitad del camino y una vez pasado éste se transita por carretera en no muy buen estado.

    Llegué a Mandalay al amanecer y me alojé en el Royal City Hotel, que es agradable, sencillo y limpio. La habitación doble por 18USD  con aire, baño, tv, y desayuno incluido!

    Palacio de Mandalay

    Me acerqué al Palacio Real en el que sólo admiten dólares (10USD). Se trata de una ciudad amurallada en la que vivieron reyes durante el s. XIX. Con forma cuadrada está rodeado de un enorme muro y un foso. Dentro hay un cuartel militar antes de llegar a los edificios del palacio. La reconstrucción del palacio no es un buen recuerdo para los habitantes de Mandalay ya que se utilizó en los años 90 mano de obra forzada. Después de una hora caminando al llegar tuve que volver a buscar dólares porque sólo llevaba kyats! cosas que pasan…

    Una vez visitado el palacio hay que visitar la colina de Mandalay. Ojo, porque subir andando hasta la cima son más de 500 escalones! Eso sí, durante toda la subida te encuentras con puestos de artistas, pinturas, comidas además de templos y budas. Allí compré unas pinturas a un anciano. El esfuerzo mereció la pena, ya que ver la puesta de sol sobre la ciudad y contemplar todo el valle fue espectacular. La vuelta al hotel en un taxi local, un vehículo Mazda tan pequeño que casi no quepo. Estos coches los importan de Japón por su coste y fácil mantenimiento y los tienen durante años.

    Taxi en Mandalay

    Cerca de la colina se encuentran la Sandamani Paya y la Kuthodaw Paya, pagoda que es conocida como el libro más grande del mundo ya que son más de 700 losas de mármol en las que están grabados los 15 libros del Tripitaka, y cada losa dentro de su propia ministupa.

    Para comer, el Too Too restaurante, que al estar en obras estaba abierto en un garaje. En el mostrador se pide el plato que se quiere, viene acompañado con cantidad de condimentos y arroz. Desde luego, está bastante solicitado por los lugareños. El BBB muy parecido a un local occidental con pasta, hamburguesas, etc , aunque claro, el precio es también occidental.

    Id al mercado del Zeigyo, situado en el centro urbano, se trata de un edificio de varias plantas que tiene cientos de puestos que venden todo tipo de cosas, eso si, hay que prepararse para aguantar la multitud de gente y de motos. Está justo enfrente del reloj de la ciudad.

    En esta ciudad ya te encuentras con el principal medio de transporte por toda Asia, la motocicleta, que viniendo de Yangón donde están prohibidas, te sumerge en el auténtico caos circulatorio de las ciudades.

    Kuthodaw Paya en Mandalay

    Mandalay es la ciudad por excelencia para la compra de artesanía como marionetas y vestidos tradicionales. Esto me dio la oportunidad del regateo, para las marionetas y collares. Os aseguro que fueron negociaciones duras, aunque siempre terminan bien. Con dos marionetas y varios collares de jade, la dueña de la tienda, su hija y yo acabamos contentos con el trato. Ojo, porque no se pueden utilizar billetes que estén rotos.

    A la salida de la pagoda había una ceremonia con decenas de niñas y sus familias, fue divertido ser la atracción turística, el invitado exótico al que todos saludaban. Muy amables conmigo, compartiendo un cigarrillo con un birmano mientras veíamos lo orgullosos que estaban los padres de sus hijas (se trataba de algún tipo de fiesta budista).

    La siguiente etapa será hacia Bagan, un viaje en bus hacinados, largo y agotador, por caminos de tierra y atravesando lechos de ríos. Finalmente llegará el lago Inle, zona turística y a la vez remanso de paz. Pero eso lo contaré en el próximo post…

  • Destino Asia, Myanmar vol. I

    Myanmar, el país de las pagodas. Desde el avión se muestran majestuosas y brillantes. Pueden apreciarse desperdigadas por toda la geografía, en pueblos, ciudades e incluso como pequeños santuarios a lo largo de los caminos, pueblos y barrios en las ciudades.

    Que me apasiona el sudeste asiático y en general Asia es algo que los que me conocen saben, así que cuando falla un primer intento seguro que habrá más. En este caso Myanmar tuvo que ser al segundo intento, en 2010 y desde luego mereció la pena.

    Myanmar, antigua Birmania, consiguió su independencia en 1.948 después de una guerra en la que los japoneses primero lograron batir a los ingleses (conjuntamente con los indios), pero que posteriormente fueron derrotados por los aliados (birmanos y británicos). A partir de ese momento pasaron por diferentes etapas …

    Calle de Yangon

    La amabilidad, sencillez e inocencia de los birmanos hace que sea extremadamente fácil y agradable viajar por el país. A pesar de su difícil situación política, siempre muestran una cara amable y confiada, dispuestos a ofrecerte lo que tienen. También es cierto que no se habla abiertamente de política, e incluso coincidiendo con época electoral no había un sentimiento de que fueran a cambiar las cosas tras los comicios, de hecho en los pueblos éstos pasaban más bien inadvertidos.

    Fue aquí, durante todo el viaje donde tuve tiempo para reflexionar sobre el paso más importante de mi vida. Y que al final se ha cumplido, pero eso es otra historia…

    No encontrarás cajeros ni siquiera la Western Union y sólo en determinados hoteles puedes utilizar cheque viaje, por lo que es necesario llevar el dinero en efectivo contigo. Fue en ese preciso momento cuando comprendí mi error de cálculo, no había incluido el coste del visado ni las tasas de salida (10 USD), por lo que debía de contar con 75 USD menos en mi presupuesto. La verdad es que no empezamos bien.

    Tiendas en uno de los accesos a la Shwedagon Paya
    Tiendas en uno de los accesos a la Shwedagon Paya

    Yangón , es la capital y la principal puerta de entrada. Se convirtió en la capital al finalizar los británicos la conquista del norte del país, trasladándola desde Mandalay. El visado son 50USD para 3 meses, y  debe solicitarse con antelación Visa on arrival. A pesar de que en AirAsia no estaban muy seguros de que sirvieran mis papeles, pude embarcar en Kuala Lumpur.

    Desde el aeropuerto al centro en taxi son unos 40 minutos con tráfico caótico pero sorprendentemente silencioso ya que está prohibido usar el claxon. Es curioso que esta sea una ciudad en la que están prohibidas la motocicletas, tan extendidas por toda Asia.

    Vista de la avenida Sule Paya. Al fondo la Sule Paya
    Avenida Sule Paya

    Una visita obligada es la Shwedagon Paya:

    que es el icono de la ciudad y del país. Espectacular construcción, con gran significado religioso. Hay cuatro pasarelas para acceder, que llegan a la plataforma del recinto. Además de los turistas están los monjes, algunos de los cuales quieren obtener una propina por explicar las diferentes estancias e historia del templo.

    Durante mi recorrido por la ciudad visité la Sule Paya (situada en la rotonda principal), la Botataung Paya (cerca del puerto y que contiene reliquias de cabellos de Buda), el jardín de Mahabandoola (donde puedes sorprender a los amantes birmanos!) y finalmente un momento de relax en el parque Kandawgyi (donde pasear alrededor del lago y que tiene una reproducción de una barcaza real). El mercado de Bogyoke Aung San, en el que puedes y debes perderte entre las tiendas, galerías y calles. Se puede encontrar de todo, desde joyas de jade (algunas bastante caras) a figuras de porcelana. También hay reproducciones en madera de diferentes símbolos budistas. Por supuesto, se regatea.

    Fuera del mercado existen multitud de puestos callejeros de comida,  libros antiguos, utensilios de cocina, ropa,  etc. Entre la comida, se pueden degustar grillos, saltamontes y cucarachas! J

    Para comer, desde luego los puestos callejeros son la opción más barata y de comida sabrosa, con improvisadas parrillas y mesitas de plástico en la calle. Otros locales como Lashio Lay Shan restaurante, un sitio tranquilo y sencillo cuya especialidad son los platos shan, el Café Aroma, que tiene varios locales se puede disfrutar de un buen café y batidos.

    Dentro del recinto de la Shwedagon Paya
    Shwedagon Paya

    La estancia, tranquila y acogedora en el Ocean Pearl Inn situado cerca de la Botataung Pagoda y del centro de la ciudad, y en el Three Seasons Hotel.

    Con un coste de 10-15 USD tienes habitaciones con baño interior, aire acondicionado, limpio y seguro.  Puedes descansar en el hall leyendo alguno de los libros que los viajeros dejan o disfrutar de algún programa birmano de televisión. Siempre está la opción de una buena charla con otro viajero.

    Parece que además, le caí en gracia a la amable propietaria del Three Seasons, una señora china que parece tener a toda su familia trabajando con ella, y que además todos respetan, así que me invitó a desayunar el último día del viaje antes de irme.

    El siguiente destino sería Mandalay, ciudad en la que destaca el Palacio Real y donde puedes jugar al chinlone (deporte nacional), Mandalay es …

  • Myanmar, un adelanto

    Creo que la entrada de Myanmar se retrasa, así que siguiendo un buen consejo, un pequeño adelanto.

    Hice esta foto durante el último día en Yangon antes de mi vuelta.Con un calor y humedad asfixiantes, me coloqué en medio de la calle (guiri loco!). Se trata de la famosa Shwedagon Paya.

    Shwedagon Paya.
    La Shwedagon Paya en Yangon

    Con una altura de 100m aproximadamente y cubierta de un baño de oro es la estupa más sagrada del país. Tiene reliquias de Buda (un trozo de tela y cabellos de Siddharta Gautama).  Se dice que su antigüedad es de 2.500 años!!

  • Indonesia (Gili & Lombok)

    Llegamos al final. Qué más se puede pedir después de un mes viajando? Primero un viaje seguro, con aventuras, anécdotas, y segundo que deje un buen sabor de boca, eso que te motiva a volver a coger la mochilla y que despierta el instinto viajero.

    Después de semanas de barcos, buses y aviones la última semana estaba reservada para la playa, el snorkling, relax y descanso.

    Nada más lejos de nuestros deseos, ya que nos encontramos en Indonesia con la oportunidad de diferentes y variadas actividades. Teníamos 6 días, que organizamos gracias a Lombok Network, agencia absolutamente recomendable. Tienes la libertad de organizar los recorridos y actividades según tus preferencias.

    Los primeros días nos esperaban las Gili islands. Se trata de un conjunto de tres islas; Air, Meno y Trawangan. Después de 2 horas en un Fast boat, con continuos golpes de mar, desde un puerto a 1 hora de Bali, llegamos a Trawangan.

    Allí solo nos esperaban la playa, el coral y la parrillada de pescado. No hay coches ni motos, únicamente un camino a ratos asfaltado a ratos pura arena. El pueblo es una continua sucesión de restaurantes (especialidad, el pescado a la parrilla), bares (como el Sama Sama), tiendas de souveniers, hoteles y agencias locales para reservar excursiones de buceo, snorkling. De echo uno de los puntos fuertes para el turismo en estas islas es el buceo, incluso te puedes sacar el título aquí. Isla de mochileros, música en directo, coctails, y cerveza Bitang!

    Al desembarcar nos subimos en el medio de transporte local, un carro tirado por un mini-caballo, eso si con luces, radio y claxón!

    Nuestro hotel, Desa Dunia, situado lejos del bullicio del pueblo, era un paraíso de relajación y calma donde te reciben con un zumo y amabilidad exquisita. Constituido por un conjunto de bungalows, jardines, piscina de agua salada y el edificio principal.

    Playa en Gili Trawangan
    Playa en Gili Trawangan

    Disfrutamos de un día de snorkling en las Gili, gracias a nuestro capitán, aunque el mar revuelto nos hizo complicado nadar sobre el coral y observar todos los peces. La barca, destartalada, nos encontrarnos el motor desmontado al subir, se caló en varias ocasiones durante la vuelta mientras éramos zarandeados por las olas, que por cierto nos empapamos completamente.

    El mar revuelto, oleaje y viento. En estas condiciones nos esperaba una barca – al puro estilo James Bond J – con destino Lombok. Aún no me explico como pretendían que nos subiéramos a esa barca dando botes y amarrada al muelle por el brazo del conductor.

    Una vez saltamos dentro con las mochilas y nuestro sombrero australiano, nos esperaba una travesía de 20 minutos con continuos saltos, agua por todas partes y unos chalecos salvavidas que nos avisaron a mitad de camino (vaya, debía de ser importante saberlo!)

    Lombok, una isla de tamaño similar a la de Bali y con 4 millones de habitantes, no tiene todavía desarrollada una infraestructura turística, y se encuentran en ese punto de potenciar el turismo, creando infraestructuras, carreteras, y un nuevo aeropuerto internacional.

    Nuestro hotel, Purimas Beach Resort, otro remanso de paz, relajación y excelente trato (en ocasiones excesivo). Teníamos nuestro propio bungalow con baño exterior, y cama en el porche…Nos decidimos por un masaje relajante, después de un mes teníamos la espalda llena de nudos, y alguno nos arreglaron pero al día siguiente estábamos destrozados. La finca nos descubrió una gran obra de arte…bueno, mejor os la contaré en otro momento J

    Puesta de sol en Lombok.
    Puesta de sol en Lombok.

    La excursión para conocer diferentes villas alrededor de la isla nos descubrió un país con gran diversidad de grupos étnicos, lenguas y tradiciones.  Lástima que no estuviéramos en plenitud de condiciones, bueno, quedará para el próximo viaje!

    Podríamos haber estado allí durante un mes…pero todo tiene un final, y si es feliz mucho mejor! J

    Salíamos de Lombok hacia Kuala Lumpur, nos esperaban 5 horas de escala y 15 horas de vuelo para volver a casa. Luego las sesiones de fotos, contar las aventuras, entrega de regalos, etc…pero eso, sería otra historia.

  • Australia

    Reconozco que venía con cierta predisposición negativa hacia los australianos pero he de reconocer que durante los días que pasamos allí esto cambió por completo. Puede que el hecho de recuperar mi iPhone haya influido 🙂
    Las distancias enormes, si te quieres mover con fluidez lo mejor el avión, si tienes tiempo suficiente abundan los alquileres de furgonetas. El coste de vida, alto, yo creo que más que Europa.

    Gracias a Ling por ser una excelente anfitriona, por acogernos como amigos de toda la vida, por el entusiasmo y por hacer que los días fueran una sucesión constante de actividades.
    Sydney es la imagen del poderío empresarial y económico de Australia. Lo demuestra su espectacular sky line de oficinas y empresas, sus tiendas de marca y diseño, el fluir constante de gente por la calle, tiendas, bares, restaurantes. Pero también es una ciudad que muestra abierta a multitud de culturas sobre todo asiáticas, donde se toman vinos y cervezas después del trabajo. Sin embargo, tendría que mejorar el sistema de transporte publico, sobre todo el tren/metro…indescifrable. Los taxis carísimos, te dejas en un trayecto mas de 30€ fácilmente.

    Bahía de Sydney
    Bahía de Sydney desde el Harbour Bridge

    Es imprescindible visitar el Opera House, y de paso tomarse algo en el Opera bar. Cuando estás delante te das cuenta de lo extraordinario de la estructura, completamente cubierto de baldosas de cerámica blanca que lo hacen brillar con la luz del sol. Desde el muelle en The Rocks es la mejor zona para fotografiarlo.
    El puente sobre la bahía es una maravilla de la ingeniería y ofrece vistas de toda la bahía. Eso si el viento que sopla fuerte hace difícil avanzar. Se puede subir a los pilares principales y desde allí caminar por la estructura de cables tensores (unos 12AUD).
    En esa zona esta The Rocks. Un conjunto de calles repletas de restaurantes de diseño, tiendas de souveniers, joyerías y pubs, entre ellos el Australian Hotel  que tiene en la carta pizza de cocodrilo y canguro que merece la pena probar, así como sus tablas de degustación de cervezas.
    El fish market, aunque un poco alejado del centro es el lugar ideal para comer pescado fresco. Tan sencillo como recorrer los puestos seleccionando y comprando el pescado que se desee (gambas, calamares, langosta, púlpitos, cigalas, sashimi, etc) y luego te lo comes en unas mesas al aire libre. Peligro!! las gaviotas atacan para conseguir el botín de tu comida, así que hay que estar constantemente al quite!
    Watson Bay, una zona de playa y relax a la que se puede llegar en bus o ferry. Puedes degustar un excelente fish &chips en el Doyles fishermans y luego tomarte una copa en el Cruise cafe, y todo eso contemplando la puesta de sol y en la pequeña playa de la bahía. Al otro lado de la carretera que te lleva hasta ahí, donde está la parada de los buses, la costa abrupta donde rompen las olas.
    Las Blue Mountains, son una muestra portentosa de la naturaleza y del paso del tiempo. Situadas a 1,5h de Sydney, se divisan en todo su extensión desde un mirador. A la izquierda hay un camino para llegar a las three sisters (que son tres picos). El camino no es difícil, pero cuando empiezan las escaleras ojo…hay que tener cuidado y sin tienes vértigo no es recomendable. El pueblo de Leura, que es el más cercano, tiene variedad de restaurantes y tiendas. Excelente para un paseo relajante después de un trekking por las Blue Mountains.
    Bondi Beach, mito del surf en Australia! Playa a la que se puede llegar en autobús desde Sydney.
    Ah, y sin olvidar el Love Lilly Divine, un local de estilo español de vinos y tapas, incluidos salchichón, lomo, quesos…Los vinos son buenos, y caros.
    El hotel, DeVere, bien situado para acercarse al centro andando, pero pésimo el servicio y la habitación.

    Great Ocean Road
    Ruta desde Melbourne. La Great Ocean Road

    Temprano, muy temprano nos acogió Melbourne. Una ciudad más acogedora que Sydney, quizás por su menor tamaño.
    El sistema de tranvías es sencillo, aunque resulte extraño que los usuarios atraviesen los carriles de los coches para subir. Hay uno gratuito que hace un recorrido por los lugares principales de la ciudad, ideal para hacerte una composición de lugar (se puede coger en Federation Square).
    Desde Federation salen todas las calles principales de la ciudad, que es muestra absoluta del poder asiático, abundan los restaurantes y tiendas de ropa.

    Hay una zona solo de tiendas para backpackers y otra zona para motoristas, de hecho una tienda con repuestos y piezas originales para motos antiguas.
    Hicimos la visita al Victoria market, con la mala suerte de que cierran los lunes, así que tocaba sushi parar compensar, verdad Carlota?
    En la calle Lygon St. hay una serie de restaurantes italianos, nos decantamos por el Little Italy, y fue un acierto total!
    En frente del parlamento de Victoria esta el Wine Shop donde te puede atender Lobezno, si, si…todas loquitas 🙂
    Y para cenar, un local mítico de la ciudad muy recomendado, el Melbourne Supper Club. Difícil de encontrar ya que solo un mini cartel en una puerta lo indica. La decoración a base de sofás de piel, sillones y diversos rincones iluminados con velas, le dan un toque romántico, íntimo y selecto. Algo similar a un club de jazz escondido en los bajos de un almacén. En la carta tienen más de cien vinos! La elección de Carlota, perfecta!
    El hotel, The Albany, es el hotel de rock. Todas sus paredes decoradas con fotografías de grupos míticos, Rolling, Sting, Elton John, The Beatles,…Es pequeño y acogedor, y está bien de precio.

    Excursión por la Great Ocean Road. Excursión a través de Go West (125AUD/per), en un autobús con una serie de paradas establecidas. El conductor, además de ir de rallie por una carretera de costa, nos iba contando la historia de los lugares más emblemáticos. El punto final son los doce apóstoles, que a pesar de estar plagado de orientales haciendo fotos a todo bicho viviente y por nacer, es espectacular y una maravilla de la naturaleza.
    Este recorrido por la costa permite admirar playas, acantilados, bosque australiano, descubrir koalas y visitar pequeños pueblos de veraneo, y zonas de culto al surf. Las playas aptas para el surf son aquellas que cuentan con una señal con dos banderas, eso significa que están vigiladas. Yo no soy un experto, pero las olas en algunas de ellas eran bastante grandes.

    Tocaba playa en Australia. En Airlie Beach, Hamilton Island y Whiteheaven Beach. En la zona de Whitsunday Islands, todas las islas habitadas son perfectas para perderse y desconectar del mundo. La forma más sencilla de llegar es en avión a Hamilton Island, principal aeropuerto de la zona, y desde ahí en ferry. Hamilton es una pequeña isla que en sí es toda un gran resort con bungalows desperdigados. Así que nuestra base fue Airlie Beach.
    Un ferry (fantasea) y un shuttle te llevan hasta el pueblo. Es una zona de veraneo, surferos y mochileros.

    Whiteheaven beach
    Whiteheaven beach en Whitsundays Islands (Queensland)

    Su playa no es muy espectacular pero cumple. Como todo pueblo de veraneo abundan los bares y restaurantes, por las noches con música en directo de algún cantante ya entrado en años o nueva promesa local. El Beaches para cenar….. Tiendas de souvenirs, hostales, hoteles y resorts, además de multitud de ofertas con excursiones de uno o varios días por las islas y la gran barrera de coral, buceo, pesca, snorkling.

    Decidimos que no podíamos desaprovechar la ocasión de visitar una de las diez mejores playas del mundo según dicen, Whiteheaven Beach. Es un parque natural, y solo se llega en barco (propio o mediante excursión). Tampoco te puedes adentrar en la isla sin un guía. La arena de cuarzo casi 100% puro, es de un blanco tan brillante que es difícil dejar de mirarla por el contraste con la vegetación. La excursión no es barata (146AUD/per) pero desde luego merece la pena. La otra opción era ir hasta la gran barrera de coral, bueno, queda apuntado para la próxima ocasión.
    El hotel, Whitsunday on The Beach, excelente. Apartamentos amplios, limpios y perfectamente acondicionados. El personal atento, amable y muy profesional buscando siempre la mejor opción, un acierto total.

    Darwin, una noche en los Botanic Garden Apartments, que están situados a la entrada de los jardines botánicos, como dice su nombre, pero lejos del centro. Tiempo húmedo y caluroso, fue la última parada en Australia, desde allí nos esperaba Indonesias, las Gili y Lombok.

    Cervezas; mis favoritas la James Squire y Carlton draught. La Victoria (VB) tampoco está mal.
    Se me olvidó incluir en el anterior post, las de Nueva Zelanda, la Speights es la cerveza local. Al igual que las de Australia, todas sin mucha graduación y poco gas.
    Los vinos, es un tema para Carlota. Mi preferencia, los blancos, y los de NZ todos muy suaves.

    Me gustó Australia, Sydney, Melbourne, Great Ocean, Whiteheaven, y las zonas de playa! Si, definitivamente creo que es un destino al que volver en el futuro…

  • New Zealand vol. 2

    A punto de finalizar la fase Australiana, tenía pendiente terminar Nueva Zelanda.

    La vuelta a Christchurch, apenas 45min de vuelo desde Hokitika, un pueblo rural donde la vida transcurre tranquila y relajada. Siendo domingo no había nada abierto y encima llovía, así que visitamos el National Kiwi Centre donde una entrañable anciana además de darnos palique se esmeró en atendernos. Allí vimos al orgullo nacional de NZ, el kiwi!
    Ah! Antes de llegar a Hokitika el bus realizó su parada «obligada» en Pukekura. Un pueblo de dos habitantes que regentan, por decirlo de alguna manera, un bar/restaurante/souvenirs (Bushmans) que mas bien parecía un templo de caza y de lo irónico que rozaba lo desagradable. Carlota tiene alguna prueba gráfica…

    Christchurch, destrozado por el terremoto de febrero, tiene cerrados prácticamente todos los accesos al centro. Tiendas, restaurantes, bares, pubs, marcados con pintura como edificios que corren el riesgo de derrumbarse. Es realmente triste y muestra la magnitud del seísmo que afectó a la ciudad. La opción fue por tanto los jardines botánicos, un parque ideal para un paseo entre la vegetación autóctona que está atravesado por el río Avon, y donde se suceden las batallas de patos!
    Comida en el Pegasus Arms viendo un partido de rugby, y ya estábamos listos para Auckland.
    Gracias Ngarie por tener la habitación perfectamente preparada, ha sido como estar en casa. Su desayuno completamente homemade, muesli, pan, y sus detalles para los picnic, vino de NZ incluido. Un bed&breckfast& en Christchurch que no busca mucha publicidad para mantener ese toque casero y acogedor.

    Auckland, era la ciudad tomada por los seguidores del mundial de rugby, argentinos, irlandeses, samoanos, australianos, ingleses,…que tenían su propia zona restringida en el puerto, como nosotros la tenemos en Colón para los partidos de la roja.
    Existe variedad de ferrys que navegan por toda la bahía, entre las distintas islas como Rangitoto, o ciudades como Devenport. Ya que el tiempo no acompañaba nos decidimos por una ruta a través de la bahía que ofrece buenas vistas de la ciudad. Tienen varias paradas para contemplar una naturaleza exuberante con paisajes de montañas, campos y bahías. Ah! y ovejas, porque si algo abunda en NZ son las ovejas (unos 40mill). Los cruceros salen del puerto y no hay problema con las reservas de un día de antelación o el mismo día, siempre que se tenga claro los días hábiles.
    Descubrimos en Auckland, bueno Carlota descubrió, el Food Alley. Unas galerías de mini restaurantes asiáticos donde puedes degustar sushi, coreano, thai, europeo,…por unos 20NZD. Definitivamente el mejor sitio para comer, rápido, variado, barato y asiático.
    La Sky Tower, situada en la Sky City, tiene en la parte baja una zona de souvenirs donde las referencias a las películas rodadas en parte en NZ (El señor de los anillos, district 9,…) son lo más interesante. Si se quiere subir a la torre son 28NZD/per.
    La calle principal (Queen St.) es la zona principal de tiendas y se pueden encontrar desde tiendas de souvenirs regentadas por asiáticos a Gucci, también tiendas de ropa, bancos, restaurantes, oficinas, etc. Sin embargo, si te adentras por las calles laterales te encuentras cervecerías y tiendas menos masificadas.
    La visita al museo de Auckland (bus verde del city link) es indispensable si se quieren conocer los orígenes de los pueblos del pacifico, cultura Maorí, las batallas de los «kiwis» y el recordatorio de todas las víctimas de las guerras mundiales. El espectáculo Maorí tiene un coste de 25NZD.
    Por la zona del puerto hay multitud de restaurantes, algunos de diseño y otros no tanto, que no son realmente baratos pero tienen buenas vistas y ofrecen menús basados en pescado o pasta. El Snapdragon fue nuestra elección, con un local agradable aunque un poco oscuro. Los vinos excelentes, como en toda NZ.
    También aquí te puedes encontrar un restaurante español, como fue el Bonita, con vinos (alguno español) y tapas españolas (tortilla, chorizo, churros…). Después de un vino de NZ aquí, la cena en el italiano de moda? Prego, con una chimenea en el centro, buena comida y vino, aunque muy ruidoso. El servicio realmente atento y por supuesto el nombre de Carlota hizo estragos 🙂
    El hotel (Auckland City Hotel) recomendable por sus habitaciones pero el personal no es muy amable.

    Paihia, zona de playa a la que se llega en bus (Intercity o nakedbus) a buen precio.
    Existen diferentes compañías de ferrys que ofrecen excursiones de un día por la zona de Bay of Islands, en las que se pueden ver delfines (y nadar con ellos siempre que las condiciones los permitan), orcas y ballenas. Tuvimos suerte y los vimos! (salvo ballenas) aunque imposible nadar porque el grupo de delfines llevaba crías.
    El bar 35 degrees South al lado del embarcadero para disfrutar del «catch of the bay», que es una buena opción para comer pescado. Mereció la pena cenar por el ambiente durante el partido de rugby con paliza de los All blacks vs. Japón.
    Es zona de backpackers y familias, y después de visitar todos las tiendas de souvenirs y arte, que son unas cuantas, merece la pena relajarse en la playa contemplando la bahía con sus islas.
    El hotel, Pahia Pacific, con habitaciones muy amplias, piscina y spa (pequeños).

    Siguiente parada era Christchurch, pero dado que no tiene prácticamente posibilidades, buscamos una alternativa. Akaroa es una buena opción. Un pueblo de origen francés, que se nota por las banderas de algunas casas (estilo colonial). Pueblo con restaurantes y tiendas, muchas de decoración donde lo típico es el fish and chips, en el The trading Rooms estaba buenísimo!
    La carretera, con curvas, es perfecta para hacerla en moto, y lo demuestran todos los motoristas que nos encontramos. Un pueblo tomado el domingo por Harleys, Ducatis, Suzuki…y algún viejo «angel del infierno», como echo de menos conducir la moto!

    Al día siguiente salíamos hacia Sydney a las 6 a.m. pero esa es otra historia.

    Nueva Zelanda, me gustaría volver, eso si, cuando sea verano. La amabilidad de su gente, la belleza brutal de sus paisajes, la tranquilidad de sus ciudades y pueblos invitan a que haya en el futuro una segunda ocasión.
    Carlota prefiere Australia, pero eso será otra historia que contará ella…

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