Desde las Rheinfalls, una vez degustada una mega-salchicha en el restaurante me tocaba bajar hacia Italia bordeando el lago Bodense. Atravesaría Alemania, Austria, Lietchestein, Suiza y finalmente Italia, al menos, ese era el plan.
En Alemania, sin límite de velocidad puedes dar rienda suelta a tu afición por la velocidad además las autopistas están en perfectas condiciones. La ruta, siguiendo la A4/E41 dirección Stuttgart y posteriormente se coge la B31 con dirección Lindau. Hay que mantenerse en ésta hasta la siguiente indicación de Austria.
La carretera B31 bordea el lago Bodense, por lo que se atraviesan una sucesión de pueblos y ciudades situados a sus orillas, al igual que sucede en los lagos Lugano, di Garda y Como. Se nota que es una de las zonas de veraneo de los alemanes, suizos y austriacos por la gran actividad y los atascos frecuentes, así que paciencia. El asfalto está perfecto, y las vistas son espléndidas, por lo que es una ruta para conducir la moto y recrearse en las curvas.
El lago en sí ya hace de frontera con estos países y es un lugar perfecto para los deportes acuáticos (windsurf, vela, ski acuático, etc). Una parada en la basílica Birnau, espectacular la decoración y pinturas de su interior. Las vistas desde el patio delantero del lago y viñedos me obligaron a unos momentos de descanso y relax.
El paso entre Alemania y Austria a través del túnel en la A14 estaba colapsado, ya que se pasa de tres a un carril, pero si vas en moto todos los coches te van haciendo hueco, así que no se invierte tanto tiempo.
Sorprende el buen rollo y respeto con las motos, es algo recíproco y es de agradecer. Una parada, obligada para estirar las piernas, en un área de servicio de la autopista me crucé con una familia alemana que preparaban la merienda a sus niñas, y tuvieron la brillante idea de compartir un pepino conmigo, muy agradecido, pero no conseguí que dijeran el nombre en castellano!
Desde la autopista ya se encuentran las indicaciones para la ciudad austriaca de Feldkrich. Pequeña, con calles empedradas, comercios, cervecerías y restaurantes. Típica ciudad de montaña, pequeña, ordenada, agradable y silenciosa.
Desde allí a Vaduz en Liechtenstein. Las indicaciones por la B190, y se pasa la frontera (indicada por un sencillo cartel y un pequeño paso de aduanas) a este pequeño país. En realidad no sabrías que se ha cambiado de estado de no ser por las indicaciones y letreros. Situado en un valle rodeado de montañas, Vaduz fue una ciudad de paso para continuar mi camino hacia Italia.
De nuevo atravesé la frontera de Suiza, siguiendo la A13 con dirección Italia (Grosio). Se hacía de noche y necesitaba ducharme, cenar y dormir, desde luego no iba a llegar a Italia hoy. Así que mi parada al azar fue en el pueblo de Thusis.
Dos hoteles, uno completo, así que las opciones eran, el Hotel Weiss Kreuz o continuar. Regateando con la recepcionista conseguí un descuento y una cerveza en el bar. Aún así, demasiado caro, pero pude disfrutar de una buena habitación, wifi (en la última planta) y una cerveza en la terraza con vistas a las montañas que aprecié en todo su esplendor a la mañana siguiente degustando el desayuno.
Es la época final de las vacaciones de verano, por lo que abundan los que buscan montaña y trekking en los Alpes, así que al día siguiente el pueblo estaba en plena ebullición de motos, caravanas, excursionistas…yo seguía camino hacia Italia, el siguiente destino sería St. Moritz pasando por el Julierpass…
Para llegar al lago di Como desde el pueblo de Lomazzo la mejor opción es ir por la carretera (SP30, SS35) que aunque es más lenta que la autopista A9, atraviesa varios pueblos y es interesante verlos. La carretera en sí es divertida, con buenas curvas para disfrutar con la moto entre bosques.
Lago di Como
Se llega a la localidad de Como y desde ahí se baja hasta el lago. No es evidente llegar hasta él, porque desaparecen las indicaciones, así que me di una vuelta por el pueblo y finalmente decidí preguntar (podría haberlo hecho al principio, no?) por las indicaciones. Se puede bordear el lago por carretera (la SS340) pero puede llevar casi dos horas, ya que es estrecha, hay puntos que solo cabe un coche y se pasan continuos pueblos y villas por los que hay que reducir la velocidad.
El lago, rodeado de montañas y éstas cubiertas de pueblos, casas, mansiones y villas que surgen de la vegetación que lo cubre todo, es inmenso, con agua limpia y clara. Las villas tienen accesos directos al lago para las embarcaciones y la gran mayoría están dedicadas a hoteles. Después de pasear por el borde del lago, y recorrer la carretera, finalmente, no reconocí a ningún famoso.
Desde Como salía hacia Suiza, después de los Alpes franceses me tocaba atravesar el paso de San Gotardo, Furkapass, Grimselpasa y Sustenpass. Cuando decía que lo de bordear el lago que lleva tiempo es porque hay pueblos continuamente, perfectamente cuidados como pueblos costeros, pero que hacen que la velocidad media sea baja. Si además te vas parando cada poco para hacer fotos, se te pasa más de una hora sin darte cuenta.
Siguiendo la SS340, por el margen izquierdo del lago di Como, están las indicaciones para entrar en Suiza. Así que entré en Suiza por Lugano, que también tiene su lago espectacular y menos explotado en cuanto a edificaciones que el de Como, por lo que invertí más tiempo en recorrerlo. Lugano, merece la pena visitarlo con calma, la primera impresión fue muy buena, deportes acuáticos, playa, restaurantes, rutas de senderismo. El acceso más rápido sería desde Como hacia Chiasso y desde ahí la carretera 2 hacia Suiza, llegando también a Lugano.
La entrada en Suiza sin problema en la frontera. Se nota el cambio, las carreteras cuidadas los pueblos limpios y los olores. Yendo en la moto es una sucesión continua de olores a campo y a ganado. Se supone que las autopistas son de pago (hay que sacarse una tarjeta), pero no tuve que pagar ningún peaje.
Paso de San Gotardo
Para llegar a San Gotardo hay que coger la A2 en dirección Lavorgo y salirse en la indicación del puerto, que está justo después de atravesar el tunel de S. Gotardo siguiendo la carretera 2. La subida empieza con una carretera ancha y bien asfaltada, por la ladera de la montaña y con buenas protecciones, por lo que se puede disfrutar de conducir y tumbar la moto. Esta carretera se mantiene en buenas condiciones hasta la cima y la posterior bajada (esa es la principal diferencia con los franceses), salvo que se coja un camino local. El cambio de temperatura es brutal, pasando de los 30° a pie de montaña a los 12° en la cima. En la cima se encuentran dos lagos y varias rutas de senderismo. Hay varios puestos de comida, chocolate caliente y un museo sobre el puerto. Al igual que el resto de puertos de montaña, la señal que indica la cumbre esta repleta de pegatinas, deseos y recuerdos de los que han llegado. Está situado a 2.100m en los Alpes Lepontinos.
Con el recorrido anterior por el lago di Como y Lugano, llegaba con el tiempo justo para el resto de los pasos suizos. En San Gotardo ya empezaban las nubes a hacer acto de presencia.
La bajada, por la misma carretera de subida pero en dirección Zurich, ofrece unas vistas impresionantes, merece la pena tomárselo con calma para disfrutarlas. La carretera continua en muy buen estado así que se hay que recrearse haciendo la bajada. Pasados unos 10km se llega a las indicaciones del Furkapass, siguiendo por la carretera 19. Aquí ya tenía las nubes encima, el día se oscurecía pero me metí a ello. Los primeros km son agradables, pero en cuanto se traspasa la barrera que indica si el puerto está abierto/cerrado, justo después de un idílico pueblo suizo, la cosa se pone interesante. Las curvas de 180° con pendiente y estrechas se van sucediendo, esto unido a la poco visibilidad y oscuridad por las nubes y una niebla que se acercaba rápidamente, hicieron que la subida no fuera demasiado agradable. Prácticamente no se veía nada del paisaje, asi que fue llegar a la cima y bajar, ni fotos porque con la niebla imposible. La temperatura estaba en los 15°-16° así que tuve que abrigarme, claro venía de 30° o mas. Si, debería haberlo hecho ya en S. Gotardo. Furka está situado a 2.453m emplazado en la zona central de los Alpes suizos.
Paso de Furka
Tal y como estaba ya el día cancelé la subida a Grimsel y Susten, y me dirigí hacia Zurich, mi próximo destino. Bajando por la carretera 19 y siguiendo la carretera 2, que como decía antes está en perfectas condiciones para una conducción alegre y rápida, se llega a la autopista A2. Sabía que no llegaría ese día a Zurich, así que conduje hasta que mis muñecas (la bursitis no tuvo su mejor día) y posaderas dijeron que era suficiente.
Me detuve en Altdorf, en la salida 36 de la A2, un pueblo suizo de veraneo situado junto a un lago y las montañas. Es como un destino paradisíaco de vacaciones con deportes acuáticos y de montaña. Hay varios hoteles, aunque los precios son bastante elevados, se puede regatear! mi opción el Hotel Sternen. A eso de las 22h el pueblo estaba muerto, la temporada de verano había terminado pero ni siquiera la poca gente que había estaba en la cervecería. En fin, típico, así que cena, cerveza y a dormir.
Al día siguiente tenía que llegar a las Rheinfalls y bajar bordeando el lago Bodense hacia Italia y sus Alpes…
Saliendo de Altdorf hacia la A4 se llega a Zurich. Es fácil llegar al centro de la ciudad, y recomiendo dejar allí la moto para recorrer las calles caminando. El único problema era que estaban de obras por lo que muchas calles estaban modificadas, así que mi roadbook no me sirvió en esta ocasión. Utilicé la vieja estrategia de preguntar, de esta forma fue sencillo encaminarme hacia las Rheinfalls.
Zurich, limpio y ordenado. El comercio preparado para la afluencia de visitantes y los restaurantes con sus mejores galas para que disfruten de un buen descanso en una localización excelente. Así es Zurich, todo listo hasta el menor detalle. Otra cosa es el precio que tengas que pagar…ahí ya a gusto del consumidor aunque no encontré muchas alternativas.
Las Rheinfalls, hay que dirigirse hacia Wintherthur (así se indica en los carteles) y justo antes de llegar a la ciudad ya hay carteles que indican su situación. Cogiendo el desvío se encuentran en el lado derecho. Ojo, hay dos indicaciones de parking pero es mejor llegar hasta el segundo, si no hay sitio siempre se puede volver al primero. La entrada son 5€ (solo efectivo), y se sigue el camino preparado sobre la ladera con varios puntos de observación, incluido uno casi en la base, donde te llega todo el spray de las cataratas. Se pueden coger unos barcos que te acercan al salto de agua, y también es posible llegar al otro margen y subir a un punto de observación justo en el medio.
La fuerza de la naturaleza es salvaje y brutal, solo nos salva nuestra capacidad para desarrollar herramientas que nos permiten controlarla.
Desde aquí me tocaba bajar hacia Italia bordeando el lago Bodense. Atravesaría Alemania, Austria, Lietchestein, Suiza y finalmente Italia.
La tercera etapa fue de tránsito desde Montpellier a Grenoble. Evité parar en Nimes y Valence para llegar con tiempo, buscar hotel y ver la ciudad. Fueron más de 300km en parte por autopista (A7, A49) y otra por carretera (D532 y D1532). Estas carreteras te adelantan lo que posteriormente serán las carreteras de los Alpes, pasando por multitud de pequeños pueblos agrícolas (pasamos de los viñedos de las anteriores etapas al maíz, girasoles, ganado, etc) y rodeados de montañas y bosques. Así se llega a Grenoble, entre gigantes de roca y vegetación.
Lo primero que hice al llegar fue buscar alojamiento. Tuve que preguntar en varios hoteles antes de encontrar uno que tuviera un precio asequible. El hotel Suisse et Bordeaux, muy recomendable tanto por la calidad como el precio. El edificio se asemeja a un antiguo palacio y está situado (place de la Gare) enfrente de la estación de tren, y a 10 minutos andando del centro histórico.
Grenoble
Grenoble es considerada como una ciudad catalizadora de la revolución francesa. Está situada entre tres valles lo que hace que mires donde mires veas montañas, los Alpes. Con gran tradición universitaria (casi 50.000 universitarios) es una de las ciudades más a la vanguardia de Francia. El centro de la ciudad, la Place Notre-Dame, las calles rue des Clercs, Grande Rue, etc están plagados de restaurantes y tiendas sobre todo de ropa y calzado, y también de joyerías. El mercado Ste. Claire es un edificio con cristaleras y una fuente en la entrada principal que es curioso. El Jardín de Ville, tiene un gran parque ideal para relajarse y desconectar, además por una de las entradas hay varios restaurantes con terrazas y protegidas del sol por enormes árboles. No hay que dejar de ver la Place St. André, donde esta la que dicen es la segunda cafetería de Francia, y la Cathédrale Notre-Dame. Hay una pequeña plaza por el centro, ahora no recuerdo el nombre, que servía en su día para los ahorcamientos, ahora tiene las mesas de varios restaurantes cubiertas por un armazón de metal.
Al Fort de la Bastille no tuve tiempo de ir, la mejor forma es cogiendo el teleférico (son 7€) y está abierto hasta las 00:15.
La cena en el Chez Pierre, una pizzería que estaba al lado del hotel. Bien, pasable.
Alpe d’Huez
Al día siguiente, la subida a Alpe d’huez (por la D211). Para llegar, saliendo de Grenoble por la avenida Jean Jaurès, solo hay que seguir todo recto por la N85 pasando Le Pont-de-Claix, y salida hacia Briançon/Vizille y luego por la D1091. Si al coger la D1091 camino de Vizille, te desvías a la derecha hacia Laffrey llegarás al Gran lago de Laffrey donde se practican deportes acuáticos como windsurf, vela,etc.
Si antes admiraba a los ciclistas a partir de ahora son como superhéroes, subir esas rampas empinadas y durante semanas en la bicicleta hacen que el ciclista sea una especie supradesarrollada.
La subida en sí, es una sucesión continua de curvas cerradas de 180 grados o más, con una inclinación de más del 10%. Al ser época de verano y vacaciones la carretera estaba llena de ciclistas, hombres, mujeres y niños (si, y como suben algunos) así se entiende la afición que le tienen en Francia al ciclismo. Hay que trazar bien las curvas porque sino…al barranco! Los hay que se lo conocen al dedillo y te pasan que dices, «a donde vas!!!» los grupos de motoristas son muy frecuentes, así que ojo siempre a los retrovisores y a la siguiente curva, a los coches que bajan y a los ciclistas que suben.
La cima es el típico pueblo de ski, con bloques de apartamentos, restaurantes y tiendas. Parece que su principal deporte en esta época de verano es la bici de montaña, claro lógico. Así que se ven continuamente ciclistas con todo tipo de protecciones por las rutas de montaña.
La subida en moto, entre 1,2,3. Tumbando lo necesario pero sin arriesgar, que para eso ya están otros. La bajada usando el freno motor. Ojo a selecciomnar bien los puntos a parar para las fotos, ya que se puede montar un follón, o te puedes ver en un problema para mover la moto. Hay una gran cantidad de Ducatis, cuál será la razón?
Col du Galibier
El siguiente puerto, Col du Galibier (por la D902). Bajando de Alpe d’huez y siguiendo por la D1091 hacia Briançon de nuevo. La primera parte de la subida parece sencilla, pero el último kilómetro hay que ir muy atento de no salirte de la carretera y acabar despeñado por la ladera. En algunos tramos solo hay una cuerdecilla que limita la carretera y el barranco. Ojo que también hay ganado suelto, a mi me tocó lidiar con unas vacas para que se apartaran del camino, muy amables ellas cruzaron y siguieron su camino. Una vez culminado el puerto, la satisfacción. Allí llegaban ciclistas, motoristas, coches y autocaravanas, de forma que hacerse la foto en los carteles de la cima se convirtió en una odisea.
Siguiendo esta carretera (D1091) están toda una serie de pueblos típicos de los Alpes, Livet, Le Lautaret, La Grave, etc y se atraviesa el parque nacional de Ecrins. En cualquiera de estos pueblos hay actividades de aventura. La actividad principal es el trekking, a la que se unen familias enteras.
Se disfruta conduciendo por esta carretera de continuas curvas y un paisaje inmejorable.
El siguiente destino era Italia. Bajando desde Col du Galibier hacia la parte francesa, y cogiendo a la izquierda. Para llegar al lago Como, se sale de Francia por SS24 dirección Turín. Luego se coge la autopista A32 para Torino, y luego la desviación hacia Milán (por la A4). Hay gran cantidad de peajes pero no es excesivamente caro. El camino es aburrido por la cantidad de km realizados en línea recta, pero es la mejor forma de llegar cuanto antes al destino. Como me faltaban unos 20km. para llegar a la localidad de Como, y sabía que los alojamientos allí serían caros, decidí hacer noche en el camino. Ya que no encontré hostales en la autopista (bueno, me pasé un motel) me salí en el pueblo de Lamazzo. En el hotel Marinoni pasé la noche y que casualidad que el chico de recepción también era motorista (aunque no tiffosi de Rossi). Me estuvo enseñando sus fotos y recomendando carreteras de Italia para ir con la moto (donde no hay policía y el asfalto esta nuevo).
La salida al día siguiente hacia Como, el lago y los puertos suizos … no llegué a la primera…
Estas dos primeras etapas de la ruta a los Alpes han sido kilómetros y más kilómetros.
El primer día, saliendo desde Madrid, 800km para dormir en un hotel de Perpignan.
El hotel Victoria, que encontré a las 22h, después de deambular por las salidas de la A9 en varios polígonos. Aunque caro, la habitación estaba limpia y completa (AA, wifi) y el personal excelente, además la moto pudo dormir en garaje (sin coste). No recomiendo los hoteles Kyriad, son supercaros (95€/noche/indv)
Perpignan me ha gustado, tiene ese aire de las pequeñas ciudades francesas que nos muestran en las películas. Ha formado parte de la historia de Cataluña. El Castellet, que es además el símbolo del ayuntamiento, está situado al comienzo del casco histórico. Calles estrechas con tiendas, cafés y restaurantes. Evidentemente hice lo típico de tomarme un café en una terraza observando el paso de la gente.
La catedral de San Jean-Baptiste, a la que están reparando la torre.
Los márgenes del canal están llenos de restaurantes, agradable y relajante escenario. Merece la pena entrar al patio del hotel de Ville.
Llegar hasta aquí me supuso llenar tres depósitos, el último de ellos en un polígono comercial de Perpignan, con todo cerrado por la noche, tienes que aceptar primero el cargo en la tarjeta y luego echas. Un par de franceses se acercaron con una extraña historia de gasolina y un billete de 10€…lo siento, no entiendo francés…y allí nadie parecía entenderlos.
Desde Perpignan, y por la carretera de la costa (D209) llegué a Narbona. Un recorrido que es digno de disfrutar, por la costa mediterránea francesa, una sucesión continua de viñedos y pueblos costeros.
Narbona, ciudad de origen romano y que conserva una parte de la Via Domitia que discurría por la ciudad. Atravesada por canales, cuyas aguas no parecían muy limpias, sus callejuelas están repletas de cafeterías y restaurantes (tortillas, ensaladas, sandwiches, baguettes, etc) que no son demasiado baratos.
Mi selección fue un restaurante regentado por dos mujeres, Reataurant Grignotage. Excelente trato y comida, muy bien de precio.
La catedral de San Justo y San Pastor inacabada, forma parte del Palacio Nuevo de Narbona junto con el palacio de los Arzobispos. La torre de Donjon Gilles situada en el centro histórico pertenece al palacio de los Arzobispos que tiene el Museo de Arte.
Los que prefieran la playa, también y no está a más de 15min en coche.
En definitiva una ciudad para visitar en un día en el recorrido de la costa francesa.
Continuando por la carretera D209, sucesión de mas viñedos antes de llegar a Montpellier. Una parada, es la facilidad que te proporciona la moto, para fotografiar las extensiones de viñedos.
Indispensable visitar la Place de la Comedie. Ahí está la oficina de turismo que me encontraron y reservaron un hotel a 5 minutos de la plaza, que grande la chiquita de rasgos asiáticos que me atendió.
La explanada Charles De Gaulle, Jardin du Champ de Mara, son perfectos para relajarse en alguno de los kioskos o simplemente pasear y observar a la gente, leer un libro, tirar fotos, …
Los cafés de la plaza para tomarse una cerveza y disfrutar las actuaciones de los artistas en la calle. Hay un tiovivo estilo años veinte que le da un toque vintage.
La Opera Comedie, tiene una iluminación por la noche azul preciosa.
Todas las calles por la zona de la Pl. et Halles Castellane son para recorrer con calma, por la abundancia de tiendas y cafes.
La cerveza, más que merecida después de los líquidos perdidos en el viaje, en el Cafe Riche (la Abbaye d’Affligen está buena).
El hotel Des Étuves, excelente. Habitación con vistas a la calle, baño en la habitación, wifi, sin AA, por 43€. Ojo, la escalera es estrecha y no hay ascensor, así que si tienes que subir equipaje…
Bastante educados y respetuosos los franceses con las motos. También en las autopistas, como la A9, donde dan rienda suelta a sus deseos de velocidad, pero aún ahí son pacientes y guardan la distancia. Nada que ver con nosotros por ejemplo en la A2 o A7, porque los hay que se piensan que son su circuito Motorland particular…
Mañana llegaré hasta Grenoble para emprender el paso de los puertos en los Alpes, me esperan unos 300km.
Estos dos primeros días me refuerzan en la convicción de que viajar en moto es exigente, excitante, peligroso, reconfortante y sobre todo, sensación de libertad.
Llegando a Grenoble, ya se empiezan a ver los Alpes
Mi viaje continúa por el estado de Rajastán, la ciudad de Jaisalmer situada en el desierto de Thar. Se la conoce como “La Ciudad Dorada” y está situada en una roca arenosa de color amarillento donde destaca su fuerte situado en la cima de la colina Trikuta. El color amarillento o dorado es característico de la ciudad cuyo nombre proviene de su fundador Rao Jaisal.
Es la ciudad del desierto, del calor asfixiante, de las excursiones en camello, de las noches en tienda al aire libre, y del fuerte. La base fundamental en la que se sustenta la ciudad es el turismo.
Jaisalmer fundada en s. XII ocupaba una posición estratégica en la ruta tradicional de comercio atravesada por caravanas de camellos de mercaderes indios o asiáticos. Una ruta que unía la India con Asia Central, Egipto, Arabia, Persia, África y el oeste. Gracias a estos ricos mercaderes se construyeron mansiones de madera y piedra caliza. Sin embargo el auge del tráfico marítimo produjo un trasvase de mercancías hacia Mumbai.
Vista del fuerte de Jaisalmer
El Fuerte de Jaisalmer , situado sobre la colina Trikuta, es un recinto amurallado con 99 almenas. Una gran parte de la población vive dentro de sus muros y esto provoca que esté en peligro su conservación. En su interior está el palacio Maharaja Mahal, y hay diversos templos jainas e hinduistas. Lo mejor para descubrirlos es perderse en su laberinto de calles estrechas, llenos de pequeños comercios y tiendas donde los colores y olores
Entré en el Palacio del maharajá (255rs más la cámara), atravesando una serie de portales hasta llegar al patio. Son siete plantas y una parte está abierta al público. Desde él se pasaba revista a las tropas. No es tan exuberante como los palacios de Udaipur o Jaipur, pero destacan sus decoraciones con colores vivos en las pinturas, telas y los trabajos con espejos.
El palacio Maharaja de Jaisalmer
Otra visita a la Nathmal-ki-Haveli , con esculturas y pinturas en la primera planta.
Para no perderse, la Patwa-ki-Haveli , la entrada 100rs más la cámara mereció la pena. Yo creo que es la más espectacular, y está situada en un callejón muy estrecho. Construida en el s. XIX por cinco hermanos jainíes mercaderes de joyas. Desde la terraza tiene buenas vistas del fuerte.
El Salim Singh-ki-Haveli , es privado. La entrada 15rs más la cámara, y aún se encuentra habitada. La planta de abajo son habitaciones estrechas mientras que las superiores son amplias, con balcones y cúpulas. Fue construida hace tres siglos.
Patwa-ki-Haveli
Durante el callejeo descubrí diferentes templos jainíes. Un complejo de 7 templos (255rs) interconectados. Ojo con los horarios. Su construcción en piedra caliza amarilla, albergan esculturas, pinturas y una biblioteca con manuscritos antiguos.
Cogiendo un autorickshaw, y por solo 30rs llegué al Gadi Sagar . Se trata de un estanque al sur de la muralla rodado por templos y santuarios con unos arcos muy elaborados en la entrada. En su momento era el depósito de agua de la ciudad. Impresionante el tamaño de las carpas, cuando la gente se puso a echar trozos de comida la lucha era encarnizada ….
El estanque Gadi Sagar
El Museo de folklore de Jaisalmer , es muy recomendable para visitar. Tiene cerámica, armas, elementos para montar camellos y botellas de opio.
En cuanto a la comida, curry, pollo, arroz son las bases de la cocina, nada nuevo con respecto . Los restaurantes más caros están al lado del Palacio.
Me alojé en la Himalayan guesthouse que no me explico como no se caía a pedazos. Lo mejor sin duda desayunar y cenar en la terraza, compartir unas cervezas con otros viajeros, una buena conversación (aquí conocí a unos israelíes) y admirar el recinto interior del fuerte durante la noche.
Realmente la ciudad se puede recorrer en dos días, y si se quiere hacer la excursión al desierto las hay como mínimo de medio día por mil Rs.
Las estaciones de tren y la principal de autobús están juntas así que intenté reservar todos los siguientes billetes ya que tenía claro los días que me quedaban. Fue imposible conseguir billete de tren para Agra, y tuve suerte de conseguir los trayectos Agra – Varanasi y Varanasi – Kolkata.
Salía en bus hacia Agra a las 17h y dejaba la puesta de sol a mis espaldas sobre la ciudad dorada, me esperaban otras 8 horas de «sleeper class». Tenía que llegar a Jaipur y allí cambiar de bus hacia Agra. Ojo en estos cambios de transporte ya que intentan hacer que vuelvas a pagar, pero manteniéndose firme y con los justificantes de los billetes comprados no hay problema. En mi caso, fue una discusión acalorada hasta que conseguí hacerles comprender que ya había pagado mi billete hasta Agra …
Próximo destino, una de las maravillas del mundo…el Taj Mahal
Londres, capital económica, musical, de moda y tendencias. Multicultural, mezcla de razas y población, con un tráfico desesperante en el centro y un metro muy ruidoso.
Esta ha sido una escapada en un grupo de diez personas que prometía grandes momentos de diversión, de hecho así fue, con lo complicado de poner de acuerdo a tanta gente. Ha sido uno de mis mejores viajes.
Desde el aeropuerto de Stansted, hay una hora en autobús (compañía Terravision) hasta la estación de Victoria. Desde ahí se dispone de autobuses y metro para llegar a cualquier punto de la ciudad.
La primera parada en la ruta por la ciudad del Támesis, me llevó a la Tower of London. Se trata de un conjunto de edificios con muros defensivos y un foso. Se fundó en el s. XI y fue completado en diferentes épocas y utilizado para diferentes funciones (prisión, armería, registros, etc). Aquí con la entrada (21L) disfrutas de un guía, llamado Yeoman Warden apodado comúnmente “beefeaters” por su indumentaria, que va relatando curiosidades y la historia de los diferentes puntos del recinto. Recomendable entrar al palacio de armas, que muestra un viaje por las diferentes épocas de la historia del Reino Unido, y al de las joyas de la corona.
London Tower Bridge
Seguimos caminando por las orillas del Támesis, atravesando el Tower Bridge situado al lado de la Tower of London. Construido en el s. XIX debido al crecimiento económico de la ciudad era necesario que no obstaculizara el tráfico marítimo hacia el puerto, de ahí su mecanismo de elevación. El mecanismo original con maquinaria a vapor hidráulica está abierta al público, pero la operativa usa motores eléctricos y aceite.
Deambulando por la ribera del río, repleta de gente corriendo, en bici, familias, turistas, etc. llegamos a la Tate Modern Gallery y cruzando el puente nos enfrentamos con la catedral de St. Pauls construida entre los s. XVII y XVIII sobre los restos de la primera iglesia de Inglaterra en el año 604 dedicada a S. Agustín.
Es por esta zona donde se encuentra la bolsa de Londres. Aunque en realidad en estas oficinas no se realizan prácticamente transacciones al hacerse desde los despachos de los bancos y corredores, en la plaza se encuentran varios pubs donde los trabajadores disfrutan de las pintas en el “afterwork”…
Después del recorrido turístico, en la zona de Covent Garden disfrutamos de unas merecidas pintas en el White Lion. No soy muy fan de las pintas de “ale”, sin gas y templadas es como beber agua, prefiero la Guiness o Kronengbourg. En nuestro grupo había auténticos fans de la Ginger Ale. Gran animación en toda la zona, multitud de pubs y restaurantes.
Para cenar, el Byron, un local agradable aunque con poca luz que tienen unas hamburguesas realmente buenas!
Establos Camden Town
La visita a Camden Town, es imprescindible para impregnarte del espíritu londinense. Para mi, una de mis zonas favoritas de la ciudad. Perderse por el mercadillo situado en los antiguos establos, donde puedes comprarte vinilos, ropa, bolsos o incluso escuchar música en directo en alguno de los pubs y puestos de comida.
Tanto mercadillo abre el apetito así que comimos en un típico pub inglés, el Hawley Arms donde además improvisamos un espectáculo que fue un ejemplo de las ganas de diversión y el espíritu de los ingleses, y de lo fácil que este grupo de diez organizan un sarao (pero eso será para contar con unas cañas).
Durante la tarde unas pintas en el Ice Wharf situado en la ribera del canal, justo cruzando el puente. Aprovechar los minutos de sol en una terraza es todo un lujo, y si además hay un espectáculo de capoeira, nos hizo difícil encontrar una mesa libre. Ya solo nos quedaba disfrutar de la noche londinense.
Paseo por Londres
La noche en Londres, en el SOHO. El local el Friendly Society. Te puedes tomar una copa y bailar con una mezcla de música de los 90 y 2000. Esta situado en un sótano, así que ojo con las escaleras, sobre todo al salir. El calor es la peor parte de este sitio, además de la cola que es necesario hacer para entrar.
Volvíamos a recorrer un mercadillo, en este caso el Spitafields Market. Multitud de pubs y restaurantes de todo tipo en esta zona comercial, donde encontrareis ropa, bolsos, bisutería, etc. La comida en el The Luxe unos sándwiches y continuamos el itinerario.
Después recorrimos la zona de Bricklane. Hay que perderse por sus calles donde se respira un ambiente underground y cultural de los 80-90. Grafitis, visitar alguno de los puestos de antigüedades, música y comida, sentarse en la calle y que pase el tiempo, observar a la gente, recordar. Un local donde recuperar energías, pequeño y agradable, Stringray Globe (…)
El grupo saltando en Londres
Paseando por el parque de la zona London Fields, llegamos al Pub on the Park. Genial la terraza con vistas al parque, y disfrutar de las pintas y “ales” como hicimos. Desde aquí nos separamos en dos grupos, los que teníamos que madrugar para regresar a España al día siguiente, y los que podían seguir disfrutando de la fiesta …
Londres se despidió de nosotros con lluvia, viento y frío hasta la próxima visita.
Poco a poco se va acercando la fecha. La ruta ya está preparada, y ahora toca ir puliendo detalles como los km/día, etapas, carreteras, pueblos y ciudades, zonas que no debo saltarme y aquellas que puedo decidir visitar sobre la marcha si me encuentro ajustado de fechas.
La preparación del equipaje es importante en este caso, sobre todo porque estará restringido a las dos maletas de la moto y una bolsa sobre el depósito que por seguridad no puede tener mucha altura para ver el cuadro (y claro, ya me están recordando los muchos regalos que tengo que traer)
Viaje en moto por los Alpes
Para la moto, lo más básico, asegurar la cobertura internacional del seguro y cuales son las condiciones, un juego de luces de repuesto, un kit antipinchazos y las herramientas incluidas, son los básicos. Tampoco yo soy un experto en mecánica y cada vez hay menos opciones de tocar algo sin que sea en un taller.
Por otro lado, es primordial comprobar y verificar los requisitos necesarios para conducir motos en los diferentes países. En Francia es obligatorio disponer de un chaleco de visibilidad, triángulo de señalización y alcoholímetro, aunque hasta noviembre no entra en vigor para los extranjeros.
Los alojamientos, bueno, no están aún previstos, pero me gustará ir descubriendo a lo largo del viaje las opciones disponibles, además de disfrutar del margen de libertad.